Anécdotas

Parque Avellaneda

Historia
del Colectivo

Historia del Colectivo
(un invento porteño nacido en Floresta)

Fue exactamente en 1928, Cuando Hipólito Yrigoyen ganaba las elecciones con el doble de votos que su rival, Melo, y la Argentina perdía dos figuras de peso: el político Juan B. Justo y el escritor Roberto J. Payró; cuando en Londres se podía ver la primera imagen en televisión; cuando Einstein presentaba su teoría del campo unificado y Malcom Campbell conducía un automóvil a 333 kilómetros por hora.
Aquel año, los taxis de Buenos Aires comenzaban a sentir la falta de pasajeros y en un cafetín de Carrasco y Rivadavia (hay quien dice que fue en la esquina de Rivadavia y Lacarra), se reunían a pasar el mal rato un grupo de taxistas cansados de tanto infortunio.

Entre los cabecillas de aquellas tertulias figuraban José García Gálvez, español naturalizado argentino y ex chofer de Jorge Newbery; Rogelio Fernández, quien años después correría en TC, Pedro Etchegaray; Manuel Pazos: Felipe Quintana; Antonio González y Lorenzo Porte.

A quién se le ocurrió la idea de poner en práctica el "taxi colectivo", no se sabe, probablemente surgió entre todos. El hecho es que el 24 de septiembre de 1928 en la misma esquina donde se juntaban, comenzaron a ofrecer a los gritos un viaje hasta Caballito por 20 centavos (la quinta parte de lo que hubiera costado en taxi), o a Flores por sólo 10. En esto también hay opiniones encontradas.

Algunos estudiosos del tema aseguran que los viajes ofrecidos eran a Plaza Once por 10 centavos, y como el negocio fructificó se extendieron hasta Plaza de Mayo por 20 centavos, la cuestión es que la gente se animó y comenzó a subir.

Para brindar mayor comodidad, ampliaron la capacidad de los coches y llevaban un pasajero junto al conductor y cuatro en la parte de atrás.
Cuentan que aquel día de primavera, a las 8.30, partió hacia Primera Junta el primer colectivo de la historia.
Dado el éxito de la iniciativa, muchos comenzaron a ponerla en práctica. Inclusive, surgió una segunda línea que llegaba hasta Plaza de Mayo y que comenzó a rivalizar con la primera, a tal nivel que se registraron violentos encontronazos; pero luego terminaron fusionándose.

Desde su nacimiento afrontó inconvenientes de todo tipo: ofensivas de los tranvías que lo acusaban de competencia desleal, impuestos especiales y hasta expropiaciones. Pero no se puede negar que el invento ganó la batalla y se popularizó.

Este invento argentino llegó a Uruguay, Paraguay, Brasil y, lentamente, a otras ciudades del mundo.
Con el tiempo, el vehículo creció. Fue pintado con alegres colores, inscribió en sus costados el nombre de su empresa fileteado, de cobrarse el boleto al descender se pasó a pagar al comienzo del recorrido y hoy, con unidades cada vez más modernas, con "maquinitas" que sólo aceptan monedas, el colectivo sigue andando por nuestras calles.
Merced a la crisis incomprensible que implica la falta de monedas en Argentina, están empezando a implementar las tarjetas para los pagos electrónicos en la máquinas. La mejor idea que comenzó en febrero de 2009 en los subtes porteños, son tarjetas recargables. Se trataría ahora de una tarjeta única para usarse en colectivos, trenes y subtes.


Placa colocada en la esquina de las calles Lacarra y Rivadavia

Los 80 años del Colectivo

07/09/2008 El próximo miércoles 24 de setiembre se cumplirán 80 años del viaje inaugural del primer colectivo argentino. El trayecto se inició en la esquina de Lacarra y Rivadavia y terminó en el barrio de Caballito, costó para los usuarios el equivalente a la quinta parte de un viaje en taxi, y tuvo su razón de ser en una crisis laboral del gremio de los autos de alquiler. Varios taxistas se reunían en una bar existente en la esquina mencionada comentando su "malaria" hasta que uno de ellos tuvo la brillante idea de ofrecer viajes compartidos. La Legislatura Porteña declararía su interés por la fecha.

El 18 de setiembre la Legislatura porteña tratará el proyecto de declaración presentado por diputados del PRO, en el cual se declara de interés cultural e histórico el 80º aniversario del primer viaje de la línea de "auto-colectivo" realizado entre las calles Lacarra y Rivadavia y la estación Primera Junta del barrio de Caballito

Creemos que resultará de interés para nuestros lectores reproducir parte los fundamentos sobre los que se sustenta este proyecto, palabras que no hacen mas que contar parte de la historia de nuestro barrio, de nuestra tierra...

"El año 1928 fue un año de crisis mundial, el dinero escaseaba, la gente no tomaba taxis en Buenos Aires, y ante la escasez de clientela un grupo de taxistas fue a ver a Don Diego Abad de Santillán (1897-1983), historiador y luchador entonces director del diario "La Protesta" para buscar una solución al problema. En esos años el trabajo de los taxistas era poco pues les había quitado clientela el ómnibus, tal como el taxímetro se la quitó por entonces a los coches de plaza o "mateos".

A Don Diego se le ocurrió que transformaran los autos en un pequeño ómnibus, llevando varios pasajeros por un itinerario fijado a un precio reducido por pasajero. Así nació el colectivo porteño también llamado Taxi Colectivo, Taxi Bus o Micro Bus, con recorridos fijos con los autos, levantando pasajeros en paradas y a un precio unitario.

El primer recorrido establecido el 24 de Septiembre unía las calles Lacarra y Rivadavia con Plaza Primera Junta con una escala intermedia en Plaza Flores. La tarifa del Colectivo era un poco más alta que la del Ómnibus pero mucho más barata que la del Taxi. El servicio se componía de 40 coches que podían llevar hasta 5 pasajeros y la frecuencia era de 4 minutos.

Los colectivos operaban por número de línea el cual era elegido libremente tomando por lo general el de la línea de Tranvía u Ómnibus con la que competían.

De acuerdo al artículo publicado al respecto en 1954 por la Revista El Hogar se extraen los siguientes párrafos que amplían el tema:

"Los coches en los lugares de parada establecidos se alineaban por riguroso orden de llegada, obedeciendo las órdenes de un inspector, y el público iba ocupándolos según el turno de colocación, saliendo los coches con intervalos de medio a un minuto"

"Hubo como en todas las cosas muchos reacios al principio, pero cuando se dieron cuenta de la facilidad con que se llegaba a las zonas más apartadas de la ciudad por un precio tan económico, hasta los más chúcaros se decidieron a hacerlo. Buenos Aires que por entonces tenía una población de 2 100 000 habitantes estaba necesitando ya nuevos medios de transporte. El tranvía no era suficiente, y los taxímetros no estaban al alcance de cualquier bolsillo. El colectivo que fue un invento exclusivamente argentino, reguló, el término medio en la economía del pueblo, y como el éxito coronó con creces la iniciativa, fueron muchos los que se aprestaron a organizar servicios análogos, aumentando las líneas en todos los barrios de acuerdo a las necesidades de la población"
A medida que los servicios iban regularizándose fueron ampliadas las iniciativas, como la de colocar letreros con el recorrido sobre los parabrisas, o banderas argentinas como distintivo en el capot de los coches, lo que resultaba de lo más pintoresco"

"La rapidez del colectivo era más aceptada por el público, y eso lógicamente hizo mermar el volumen de los pasajeros en los tranvías. Con todo, las protestas hechas por la compaña de Tranways Anglo Argentina se dejaron oír airadamente, por considerar que la aparición de los colectivos hacía una competencia desleal a la empresa"

"Al progreso era imposible ponerle vallas, pues además de la celeridad con que se viajaba y el descongestionamiento del tránsito logrado, ligando velozmente los puntos más apartados del centro, ello representaba la ocupación de más de 12000 obreros y la simplificación de casi toda la actividad comercial de la ciudad"

Cuando el espacio para 5/7 pasajeros resultó insuficiente, comenzaron a modificar y ampliar los coches llevándolas a 10. En la década del 30 los ómnibus tenían entre 17 y 36 asientos diferenciándose de los colectivos de 10 asientos. Además estos últimos no estaban autorizados a llevar pasajeros de pié.

Con el correr de los años comenzaron a carrozarse chasis de camiones y los colectivos se fueron haciendo más grandes y de mayor capacidad hasta transformarse en ómnibus.

Este medio de transporte, el "auto-colectivo" que con el transcurrir de los años se transformó en los actuales ómnibus, ha tenido una importancia relevante en el desarrollo económico y de transporte de la Ciudad de Buenos Aires, al recordar sus orígenes destacamos nuestra historia ciudadana para las generaciones recientes.

Por todo lo expuesto, solicito la pronta aprobación del presente Proyecto de Declaración.-

La población de Buenos Aires en ese entonces comenzaba a tener varios y determinados vías crucis. Uno de ellos era el del transporte, ya que no alcanzaba a cubrir las necesidades de una población y un mercado en expansión, por lo que enormes extensiones de su perímetro se encontraban aisladas y lejos de cualquier posibilidad de trasladarse con cierta rapidez. El Transporte era brindado por tranvías y subtes, ambos de propiedad inglesa, algunos ómnibus y taxis.

Precisamente el servicio de taxis, precursores del "auto-colectivo", si bien era bueno, carecía de pasajeros ya que nadie o casi nadie quería o podía gastar un peso viajando, por ejemplo, desde Flores a Villa del Parque, por lo que transitaban en fila india por las arterias céntricas con la banderita levantada sin remedio (de allí surgió el neologismo "yirar" como expresión de dar vueltas y vueltas sin resultados positivos). A lo sumo, con suerte el taxista lograba recaudar cinco pesos diarios luego de frenar y acelerar y meter la primera y darle a la segunda desde las siete de la mañana hasta las veinticuatro, con un corto descanso para almorzar (en esa época Buenos Aires aún conservaba aires de pueblo y la costumbre del almuerzo se respetaba diariamente).

Y en este contexto, una tarde de septiembre del año 1928, desde el mostrador del Café La Montaña (local ya desaparecido y que se encontraba en la esquina de la Av. Rivadavia y Carrasco), el mozo miraba aburrido al grupo sentado desde hacía ya mucho tiempo en una de las mesas. Seguramente pensó: "Con tipos como éstos no vamos a ningún lado". Hacía rato que estaban allí, con el café ya consumido y desarrollando una sola actividad: el diálogo. No se cansaban de hablar, pero a juzgar por las caras sombrías, la conversación debía ser preocupante y aburrida.

En esa mesa se encontraban los taxistas José García Gálvez, Pedro Echegaray, Rosendo Pazos, Felipe Quintana, Lorenzo Forte, Rogelio Fernández, Manuel Pazos (a quien se le atribuye la invención del auto-colectivo), Aristóbulo Bianchetti, Antonio González, Páez, Rodríguez. Como siempre los temas que estaban en boca de todos eran la difícil situación económica y la falta de trabajo, por lo que como un reflejo de esta situación el viajar en taxis se había tornado inalcanzable para la mayoría de la gente y eso repercutía fuertemente en los bolsillos de estos compañeros de café. Es por eso que surgió el comentario de una experiencia que había dado muy buenos resultados: los fines de semana colegas emprendedores salían con sus taxis con hasta seis personas desde lugares clave como la Plaza de Mayo hasta el Hipódromo de Palermo y diversas canchas de fútbol cobrando cincuenta centavos o un peso (según la distancia) por cada pasajero.

Si el mozo de este viejo café hubiera poseído la más mínima capacidad de intuir el porvenir, su fastidio por este grupo que ocupaba la mesa que daba a la ventana, se habría convertido en atenciones seguramente exageradas, porque los clientes sentados allí, vestidos humildemente, con cara de pocos amigos y los bolsillos flacos, eran los precursores, los creadores, los inventores, según la expresión de algún exagerado, del colectivo porteño, hecho que asombraría al mundo entero, sin duda, probando el ingenio criollo (aunque los hombres en cuestión pertenecieran a distintas nacionalidades)

Poco después los hombres se levantaron, aparentemente ya de acuerdo, con un extraño brillo en los ojos y salieron del bar acompañados de la mirada indiferente y aliviada del mozo.

Así pocos días después llego el ansiado lunes 24 de septiembre de 1928, día en que inició su recorrido la primera línea de "auto-colectivos".

La tarde anterior se habían puesto de acuerdo para comenzar con el servicio unos quince choferes, pero el comienzo de ese lunes era digno de una película de terror y si no hubiese sido por el entusiasmo puesto por estos pioneros seguramente hoy no habría colectivos, ya que esa mañana llovía sin parar desde las primeras horas de la madrugada.

Por la inclemencia del tiempo sólo se presentaron ocho choferes, sin embargo, la intención de construir la patria soñada y de no tener tan flacos los bolsillos impulsaba a estos hombres que a los gritos lograron poco a poco y con apuro conseguir los primeros pasajeros.

El recorrido estaba bien pautado: partiendo desde Primera Junta, efectuarían una parada en Plaza Flores y finalizarían en Lacarra y Rivadavia. Posteriormente realizarían el camino inverso (Rivadavia y Corro - Primera Junta, deteniéndose nuevamente en Plaza Flores).

El primer viaje no fue precisamente exitoso. Ninguno quería salir (la Municipalidad prohibía el uso colectivo de taxis) hasta que un valiente se animo. Al no encontrar ninguna persona dispuesta a oficiar de pasajero en este nuevo "invento", el primer auto colectivo viajo desde Primera junta hasta Rivadavia y Lacarra vacio. Pero lejos de desmotivarse al llegar a este punto y luego de unos minutos de espera subió un señor (cuyo nombre no ha quedado lamentablemente en la Historia), curioso y "gasolero" que se transformaría sin saberlo en el primer pasajero de un Auto colectivo y pasadas las 8:25 hs. de la mañana partió el primer servicio. A modo de recuerdo de este momento y como lugar histórico de nuestra ciudad de Buenos Aires, existe en Lacarra y Rivadavia un monolítico que rememora esta situación.

El éxito que acompañaba a los primeros "taxis-colectivos" (es necesario aclarar que utilizamos la palabra "éxito" con un sentido relativo, ya que la recaudación de los choferes, teniendo en cuenta lo que ganaban antes creció, pero seguía siendo escasa y solo alcanzaba para vivir dignamente) produjo las primeras envidias.

Lo cierto es que la solidaridad y el sentido de compañerismo que reinaba entre los taximetreros dejó paso a las miradas celosas, el comentario malintencionado y las acciones más malintencionadas todavía.

Los principales argumentos del resentimiento eran que la innovación sólo traería como resultado que se trabajará más, que se rompan las unidades por exceso de peso y que no todos tenían una garganta privilegiada para gritar a diestra y siniestra la tarifa (sin esa condición en esta época no se podía ser un buen colectivero).

De tal manera, si algún flamante "transportista por el servicio de auto colectivo" tenía la mala suerte de padecer un percance callejero, o por ejemplo pinchaba una goma lo más seguro era que el taxista que pasaba a su lado carcajeara de lo lindo e incluso deslizara alguna palabrita amable recordatoria de la familia del infortunado. Como se ve, lo que se ganaba en dinero se perdía en amistad. Pero esto no es patrimonio de ninguna época ni sociedad en especial, como todos sabemos.

Además y como era lógico, la aparición de este nuevo medio de transporte generó preocupación en las empresas ferroviarias y tranviarias, la "Anglo Argentina" a la cabeza. Las presiones fueron de todo tipo y si no fuera porque en esos dos primeros años el gobierno amparó la iniciativa, el colectivo no habría pasado de una experiencia aislada.

Al poco tiempo a esa línea inicial (la "Primera" se la llamó) se le sumó una nueva línea que se dio en llamar "la 8", cuyo recorrido iba desde Nazca y Rivadavia hasta Plaza de Mayo y comenzó sus actividades el 12 de octubre de 1928, pero con tan mala suerte, que el viaje inaugural no se pudo terminar, ya que ese día asumía la presidencia Hipólito Yrigoyen y la policía procedió a cortar el tránsito impidiendo la llegada triunfal del vehículo hasta el lugar terminal.

Detalles al margen, lo importante es destacar que durante 22 días la competencia se desenvolvió en un clima no precisamente de amistad y bienaventuranza, hasta que se pusieron de acuerdo y se fusionaron adoptando el nombre de "Primera" con un total de ciento ochenta coches.

04/07/2009   16/09/2020