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La Chacra de Campana

Merced a una paciente tarea de investigación histórica Emilio Juan Vattuone ha logrado reconstruir la historia de nuestro barrio merced al trazado de una línea temporal que parte del año 1588 y que engarza a los sucesivos propietarios a los  que perteneció esta zona.

Al completar los repartos de fracciones en el entonces denominado pago de la Matanza, el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón otorgó al primer poblador Gaspar Méndez, una chacra ubicada en el sitio conocido como de la Isla del Pozo (actual sector sur de La Floresta), cuyas dimensiones abarcaban quinientas varas de frente a la barranca del Riachuelo por una legua de fondo tierra adentro. Según la nomenclatura vial, Av. Mariano Acosta-Segurola (al este), Av. Lacarra-Carrasco (al oeste) y Av. Álvarez Jonte (al norte).

Al comenzar el siglo XVI el referido predio fue adquirido al segundo propietario Bartolomé López, por parte de un acaudalado personaje, Álvaro de Mercado quien escrituró con fecha 6 de junio de 1608 y con posterioridad le cupo erigir en la parte alta de la barranca las primeras construcciones.

Más tarde, al contraer enlace su hija Ana con el capitán Lorenzo de Lara, el bien fue cedido a los mismos.

Figuran entre los posteriores propietarios: Pablo de Ramila (fines del siglo XVII), Francisco del Rincón y Andújar, su hijo Deán José de Andújar; según escritura del 29 de enero de 1761 fue adquirida por Francisco Álvarez Campana, famoso empresario de origen gaditano quien introdujo notables mejoras en la propiedad, y en virtud de su devoción religiosa la denominó Chacarita de San Miguel del Monte. Con posterioridad a su deceso acaecido en 1773, la heredad experimentó diversos fraccionamientos y pasó a ser conocida como Chacra de Campana perdiendo el nombre citado con anterioridad. (Arnaldo J. Cunietti-Ferrando. "La Chacra de Campana: origen del barrio de Floresta". Cfr. págs. 61,71. Boletín del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires- Año 1- Nº 2- Buenos Aires, 1980).


Francisco Álvarez Campana

El nombre de Francisco Álvarez Campana supo ser uno de los más conocidos en el Buenos Aires colonial. Tal fue su fama que uno de sus campos, recostado sobre el Paraná de las Palmas, recibió de la fuerza de la costumbre -esa "posesión inmemorial"- el nombre de Rincón de Campana, nombre que respetaron sus últimos dueños, los hermanos Costa, al fundar un pueblo en esas tierras.

Francisco Álvarez Campana fue uno de los más destacados comerciantes de esa ciudad que crecía a paso firme. Proveniente de una familia de comerciantes gaditana, llegó a ser uno de los más encumbrados hombres de comercio de la ciudad de Buenos Aires. (....) Su padre, Bernardo Álvarez Campana y Montes de Oca estaba matriculado en el Consulado de Cádiz desde 1737, y fue reemplazado por Francisco en el mando de los negocios de la familia. Desde entonces el mayor de los nueve hermanos emprendió varias empresas exitosas entre Cádiz y distintos puertos de Centroamérica. (....)

En su afán de establecerse y vincularse en la sociedad de Buenos Aires, los mercaderes recién llegados optan por una serie de estrategias en las que la búsqueda de prestigio se suma a la necesidad de insertarse en las redes de negocios: ingresar al Cabildo y casarse con la hija de un comerciante ya consolidado fueron algunas de ellas. Francisco apostará a una institución que en su ciudad de origen era un envidiado espacio de sociabilidad y buenas relaciones: La Hermandad de la Caridad. (....) Francisco dará a la institución un impulso notable, creando y financiando él mismo un Colegio de Niñas Huérfanas, un Hospital de Mujeres y proyectando un hospicio para niños expósitos que se haría realidad años después.

Operaciones mercantiles fallidas y malos consejos en las dependencias, hacen que sus acreedores embarguen sus bienes (incluidas sus estancias y entre ellas el "Rincón de Campana") y sea encarcelado. A pesar de estas contingencias nunca deja de sostener a su madre, a quien remite dinero, e incluso un par de esclavos negros.

Recién en 1772 será liberado, luego de que su hermano José, Tesorero de las Reales Cajas de Veracruz, lo auxiliara proponiéndose como fiador de sus cuantiosas deudas. Pero Francisco muere al año siguiente, siendo enterrado en la Capilla de San Roque, que la Tercera Orden de San Francisco posee en el mismo terreno de la iglesia de San Francisco.

04/07/2009   15/07/2020