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Novelas

Robert Ervin Howard
Robert Ervin Howard (1906-1936) nació en Peaster, Texas, y vivió la mayor parte de su vida en Cross Plains, ciudad situada en la zona central de Texas, entre Abilene y Brownwood. En los últimos diez años de su vida, este escritor fecundo y polifacético escribió y publicó lo que en aquella época se consideraban relatos menores de los géneros deportivo, de detectives, del Oeste, históricos, de aventuras, cuentos de misterio y de fantasmas, así como una gran cantidad de cuentos de aventuras fantásticas. Edgar Rice Burroughs, Robert W. Chambers, Harold Lamb, Talbot Mundy, Jack London y H. P. Lovecraft (de quien era colega y amigo), tuvieron una gran influencia sobre él. A la edad de treinta años, puso fin a una prometedora carrera literaria, suicidándose. Los cuentos de aventuras fantásticas de Howard pertenecen a un género literario llamado «fantasía heroica», o también historias de «espada y brujería». Estas historias no necesariamente se desarrollan en el universo tal como es o como fue, sino tal como debería haber sido; pueden tener lugar en el mundo tal como se cree que fue hace mucho tiempo o que vaya a ser en un futuro lejano, o también puede tratarse de otro planeta e incluso de otra dimensión. Se trata de un universo en el que la magia funciona y los espíritus son reales, pero aún no se ha descubierto la ciencia moderna ni la tecnología, o tal vez hayan sido olvidadas. Todos los hombres son fuertes, todas las mujeres hermosas, los problemas son simples y la vida es siempre una aventura. Cuando están bien escritos, estos relatos proporcionan la diversión más pura que puede ofrecer una novela de cualquier género. Están concebidos fundamentalmente para divertir, no para educar, elevar el espíritu ni convertir a nadie a ninguna fe o ideología. Están inspirados fundamentalmente en los mitos, leyendas y relatos épicos de tiempos antiguos y de pueblos primitivos. Después de varios siglos de indiferencia u olvido, William Morris resucitó y volvió a poner de moda el género en Inglaterra en la década de 1880-1890. A comienzos de este siglo, lord Dunsany y Eric R. Eddison desarrollaron aún más este tipo de literatura. Luego, con la publicación de la trilogía de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, este género recibió un gran impulso

A lo largo de su breve vida escribió y publicó una gran cantidad de relatos de ficción menores de diversos géneros: deportivo, de detectives, del Oeste, historias de aventuras orientales, así como una serie de cuentos fantásticos. De todas las obras de fantasía heroica de Howard, las que han gozado de mayor popularidad han sido las historias de Conan. Éstas transcurren en una imaginaria Edad Hiboria inventada por Howard y situada hace unos doce mil años, entre el hundimiento de Atlantis y los albores de la historia escrita conocida por todos. Howard fue un narrador nato cuyos relatos no han sido superados en cuanto a interés, intensidad, emoción y dinamismo de la acción. Las historias de Conan son el summum de los cuentos de aventuras, con una fuerte dosis de elementos siniestros y sobrenaturales. Howard escribió unos treinta relatos de Conan, cuya extensión oscila entre 3.000 y 60.000 palabras. De éstos, dieciocho fueron publicados en vida del autor. En los años siguientes a su muerte, aparecieron entre los papeles de Howard una gran cantidad de manuscritos completos, así como bosquejos y fragmentos de cuentos. He tenido el gusto de preparar para su publicación la mayor parte de estos relatos, completando los que estaban inacabados y rescribiendo algunos otros cuentos de Howard, a fin de incluirlos entre las aventuras legendarias de Conan.
Novelas de Conan para descargar

Conan De Las Islas Hay un tipo de relato que se desarrolla no en el mundo tal como es o no fue, sino tal como —para un aventurero de salón— debería haber sido. Se trata de una aventura fantástica que tiene lugar en el mundo prehistórico imaginario o medieval, donde la magia funciona y aún no ha llegado la revolución científica. O tal vez se trate de un universo paralelo, o de este mundo tal como ha de ser en un futuro lejano, cuando la ciencia haya sido olvidada y la magia vuelva a ocupar su lugar. En ese mundo, las radiantes ciudades alzan sus brillantes torres hacia las estrellas, los brujos formulan sus siniestros hechizos desde sus guaridas subterráneas, los espíritus funestos acechan desde las ruinas, los monstruos primigenios se abren paso por densas selvas y el destino de los reinos depende de sangrientas espadas empuñadas por héroes de poder y valor sobrenaturales. En este mundo todos los hombres son poderosos, las mujeres son bellas, la vida es una aventura y los problemas son simples. Nadie menciona el impuesto sobre la renta, el problema de los marginados o la socialización de la medicina. Este tipo de historias recibe el nombre de «fantasía heroica» o, a veces, de «espada y brujería

Conan El Conquistador: Conan el Cimmerio es el héroe de unos veinticinco relatos de Robert Ervin Howard (1906-1936). El autor pasó la mayor parte de su corta existencia en Cross Plains, Texas. Allí escribió los numerosos relatos de ficción que componen su obra: historias de detectives, deportivas, cuentos orientales y novelas del oeste. Pero el género que más fama le ha dado es el de la fantasía heroica y, dentro de él, las historias de Conan. Los relatos de fantasía heroica son historias sobrenaturales que se desarrollan en un mundo imaginario: en esta tierra, tal como debió ser hace mucho tiempo o como ha de ser en el futuro, o bien en otro mundo o en otra dimensión. En ese universo de fantasía todos los hombres son fuertes, las mujeres hermosas, los problemas son simples y la vida es una aventura. El género fue creado por William Morris a finales del siglo xix y desarrollado por Lord Dunsany y Eric R. Eddison a principios del xx. Ellos fueron los principales inspiradores de nuestro autor. En vida de Howard se publicaron dieciocho cuentos de Conan. Otros, desde manuscritos incompletos a meros fragmentos, se han ido descubriendo entre sus documentos a partir de 1950. Yo he tenido la suerte de preparar para su publicación dichos manuscritos y de completar algunos que eran meros esbozos.

Conan El Bucanero: Bucaneros y magia negra. Esta novela se desarrolla en un mundo en el que no existen la televisión, el impuesto sobre la renta, el metro, la polución, las crisis nucleares, las manifestaciones de estudiantes ni los problemas de moda femenina. Se trata de un mundo inocente y feliz, completamente ajeno a los anuncios de detergentes, las tarifas del metro, los discursos de políticos, el café instantáneo, los cepillos de dientes eléctricos, las películas pornográficas y el movimiento de liberación de la mujer. Nos encontramos ante un mundo que nunca existió, pero que ciertamente debería haber existido. Se trata de un universo fascinante y romántico, en el que todos los hombres son atractivos y heroicos, y todas las mujeres increíblemente hermosas y deseosas de coquetear con los gladiadores que se enfrentan en la arena. Es un mundo lleno de selvas espesas, montañas inmensas y mares transparentes, en el que las ciudades brillan con un esplendor bárbaro, las gestas gloriosas son posibles y las aventuras forman parte de la vida cotidiana. Se trata de un mundo plagado de monstruos extraños, magos siniestros y guerreros de rostros lúgubres, en el que la magia funciona y los dioses existen realmente y no sólo en la imaginación de sus adoradores

Conan El Invencible: El gélido viento, que azotaba las simas oscuras y escarpadas de los Montes Kezankios, parecía más frío todavía en las inmediaciones de la fortaleza de piedra desnuda que se alzaba en el granítico flanco de una montaña sin nombre, en el mismo corazón de la cordillera. Los fieros montañeses, que a nada temían, llegaban a desviarse varias millas de su camino para no tener que andar cerca del sombrío baluarte, y, a su mención, hacían con la mano el signo de los cuernos para conjurar el mal. Amanar el Nigromante descendió por un corredor oscuro, que penetraba en el mismo corazón de piedra de la montaña, seguido por algunos que habían dejado de ser humanos. Era esbelto el taumaturgo, y atractivo a su siniestra manera, con su rala barba negra; pero una línea blanca de vago aire serpentino dividía su corto cabello, y las manchas rojizas que danzaban en sus ojos capturaban la mirada, y la voluntad, de quien fuera tan necio como para observarlos con fijeza. Sus secuaces habrían parecido hombres ordinarios a primera vista o desde cierta distancia, pero los rostros de éstos eran como muy prominentes, sus ojos arrojaban destellos rojos bajo los puntiagudos cascos, y escamas reptilescas les cubrían la piel. Los dedos de las alargadas manos que sostenían sus lanzas no terminaban en uñas, sino en garras. Todos llevaban un sable curvo colgando de la cadera, salvo el que venía inmediatamente detrás de Amanar. Sitha, capitán de los S'tarra, esbirro saurio de Amanar, cargaba con una gran hacha de dos filos. Llegaron al fin ante unas puertas altas encajadas en la piedra, talladas éstas y la misma piedra con interminables arabescos de serpientes
 


Conan
El Cimerio

Conan El Guerrero

Conan El Defensor: PRÓLOGO La luz del sol, que entraba por los arcos de mármol de los ventanales, iluminaba la tapicería con la que habían sido adornadas las paredes de la estancia. Los siervos, a los que se había amputado la lengua para que no pudieran hablar de lo que vieran en casa de su amo, se habían retirado, dejando solos a cinco individuos que bebían en silencio su vino. Cántaro Albanus, el anfitrión, observaba a sus huéspedes, jugueteando, ocioso, con el pesado collar de oro que colgaba sobre su túnica escarlata. La única mujer que había allí fingía estudiar el complicado tejido de los tapices; los hombres sólo estaban pendientes de sus copas de vino. A media mañana —pensaba Albanus— se daba el momento idóneo para tales reuniones, aunque al convocarlas a aquella hora irritara a sus compañeros. Es tradición que los cónclaves de ese género se celebren en la negrura de la noche, que los celebren hombres desesperados, apretujados en habitaciones oscuras, selladas para no dejar paso a un solo rayo de luz. Mas ¿quién había de creer, quién podía ni siquiera sospechar, que en una reunión de lo más selecto de Nemedia a la luz del día, en el mismo corazón de la ciudad, se preparara un acto de traición? Su rostro de chupadas mejillas se ensombreció al pensarlo, y sus ojos negros se volvieron de obsidiana. La nariz aguileña, y las trazas plateadas en sus sienes de negro cabello, le daban apariencia de general. Y ciertamente había sido militar, en cierta ocasión, durante un breve año. Cuando sólo tenía diecisiete veranos, su padre le había conseguido una graduación de oficial en los Leopardos de Oro, que habían sido la guardia de corps de los reyes nemedios desde tiempos inmemoriales. A la muerte del progenitor, había cesado. No le apetecía tener que labrarse el ascenso por el escalafón, aunque su noble cuna le ayudara. No, pues por su sangre y temperamento le correspondía ser rey. No conceptuaba como traición ninguno de sus actos

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